Y entonces ocurre.
Cuando vas a 3000 vueltas sin soltar el pie del acelerador, cuando vas a 200 sin querer darte cuenta de todo lo que pasa a tu alrededor. Ocurre
De repente hay algo que te dice que aflojes, deslizas tu mano suavemente sobre la palanca, metes embrague y bajas a 4ª. Las revoluciones disminuyen, y sigues bajando. Llevas el pie en el freno, y quieres pisarlo. Quieres pararte, detenerte, y disfrutar de este momento. Es como si toda la potencia que llevas encima desapareciese por arte de magia.
Ya no importa tu destino, no importan los kilómetros que has recorrido sino dónde te encuentras en ese preciso instante. Y descubres todo aquello que hace que estos pequeños momentos sean los que recuerdes durante mucho tiempo.
Porque por muy rápido que vayas, siempre hay una razón para detenerte.
Aprende a detenerte. Porque será entonces, cuando te des cuenta, de que las cosas solo pasan una vez en la vida.