jueves, 23 de octubre de 2014

Incandescente.

Se posó en la barra del bar
como un asteroide 
que atraviesa la capa de ozono,
incandescente,
y me quemó las retinas 
mientras intentaba caminar
por la calle sin luces de su escote.

Ejercicio.

Expresaba ligereza
y una carga que ningún hombre podía soportar
por eso empecé a hacer ejercicio 
y a los pocos meses
la levanté hasta tocar el cielo.

Ardiendo.

Deambulaba entre sus cuerdas
prendida de un vaso medio vacío
y un cigarro sin encender.

Y entonces oí su voz 
y me acerqué para tocarla, 
los hielos se derritieron 
y al cigarro no le quedaba más humo.

Matrícula de honor.

Una vez conocí 
a una mujer fácil 
y me saqué una chuleta
del bolsillo del pantalón. 
Saqué un 9.

Y a la semana 
conocí a otra 
que según decían 
eran muy complicada 
difícil
de las que tendrían que llevar
manual de instrucciones,
pero nunca he sido 
de leer manuales
así que busqué entré sus piernas
y encontré el botón 
de las respuestas. 

Copiar es legítimo. 
Esto fue matrícula de honor.