miércoles, 26 de junio de 2013

Yo, mi, me, contigo.

Adulador abrazo del verano
caricias de un viento huracanado
y yo mientras elucubro un plan maléfico
o corto una fresa en 3 pedazos.

Adulador llanto de un perro cariñoso
que no sabe vivir sin su palo
que solo vive por y para ser tirado
y ser arrancado de la rama de un árbol.
Quiero ser perro.
Quiero ser pero.
Quiero ser el pero.
Quiero ser tu pero.
Pero jamás seré tu perro.

De qué sirven los besos en el parque
y el amor a primera vista,
si no eres capaz de sentir el tacto de la lluvia en tu espalda
o las llamas de una hoguera en tus pies,
si eres preso de aquello que más odias
y mientes en cada paseo, en cada paso,
pensando en la ropa interior de tu vecina.
Tienes ojos y no puedes ver, tienes lengua pero no hablas,
no dices,
orejas que no escuchan,
manos que no tocan.
¿Para qué?
¿Por qué?

Y tú no te das cuenta
o no te quieres dar la vuelta.
Recorres caminos que ya conoces,
ya los has visto, son los que odias, los que dices que no te gustan.
¿Por qué no subes las montañas conmigo?
¿Por qué no quieres pasar miedo?
¿Por qué no quieres ser libre?
¿Por qué siempre presa?

Lo he visto, lo juro.
Alquimista de amores imposibles.
Delirios de grandeza, belleza seductora, de museo,
con un cordón de terciopelo rojo, o negro.
Haces que lo vea, que lo aprenda, y quiero que lo aprendas.
Ser mejor. Hacerlo mejor. Querer lo mejor.
Buscar y encontrar, hasta en los fogones más ardientes,
o en las almas más oscuras.
Viajar al infinito, o a ultramar.
Ser contigo y sin ti.




lunes, 10 de junio de 2013

Poema al kamikaze.

Ahora no soy yo
soy otro
el de fuera
el que mira
el que observa.

¿Kamikaze?
Eso depende del café que me tome
de cómo entre la luz por mi ventana
de cómo esté el abedul de la entrada
de cómo me hable esa mañana.

La realidad es otra
la he aceptado
ahora la quiero
lo quiero, lo he buscado, lo he sentido
¿para qué cambiar la tinta de un boligrafo desgastado?

Noches frías a la luz de un flexo comercial
incertidumbre en el aire enmarañado
luces centelleantes tras un tupido plástico
sombras crudas como un pescado
gotas de agua con historias que contar.

La no conciencia del consciente
y la pasividad del inconsciente
amalgama de una voz embaucadora
triste final de una gota condensada
sal que no sala el alma.

Ferviente realidad de una historia nueva
desconocida
que tatua el oxígeno que respiramos
llantos en lo profundo, silencio
y descubrir la ciudad perdida.

Palabras que no acaban
o inacabadas
palabras que no se dicen
león sin garras
rugido insonoro.

Sombra sobre sombra iluminada
y un reloj que no para
y una mirada
y que en la oscuridad de la noche
es siempre recordada.

¿Kamikaze?
¿de qué?
¿de verdad?
de realidad
kamikaze que no sabe morir en paz.








Reflexiones de un Kamikaze

          Si os digo la verdad, no tengo muy claro qué es lo que voy a escribir en este preciso instante, no tengo claro cual es mi reflexión y, es evidente, que no tengo claro hacía dónde voy con este viaje fuera de control.

Quizá por eso me denomino kamikaze.

Es algo extraño. Como si metiese en una licuadora todo lo anterior, con una pizca de sal, tres cucharadas de azúcar, dos fresas cortadas por la mitad y una buena cantidad de jugo de limón.

Como un niño al que le pisan sus zapatos nuevos. Como el niño al que se le cae la bola del helado que acaban de comprarle. Porque esto funciona así. Lo que al principio es dulce al final es amargo y lo que es amargo, al final es dulce. 

Es esa canción la que lo cambia todo. Ese maldito color que no puedes quitarte de la cabeza. Ese perturbador y seductor canto de sirena que sigues escuchando cuando apagas la luz. 
Creemos que somos capaces de controlar nuestros instintos a base de fe y de buena voluntad, pero todos tenemos a ese lobo aullando dentro de nosotros y, en mi caso, un lobo que clava sus garras cada vez que le doy las espalda. Lo único que quiere es descontrol, deshinibición, descomponerme y desenterrarme de este cuerpo que no parece ser mío. 

Pero ese maldito lobo no puede ganarme. No podrá conmigo. No ahora. No esta noche. No esa noche. Ninguna noche. Sólo cuando yo lo diga. Quizá nunca. Quizá siempre. Quizá toda la vida. Quizá lo esté deseando. Quizá quiera perder. Quiero ganar, pero también perder. Quiero sentir. Quiero amar. Lo quiero sentir. Le quiero aullar. Lo quiero dar. Quiero coger. Quiero tocar. Dar sin recibir. Recibir y dar más. Volver a aullar. Compartir. Enloquecer y ser enloquecido. Ver y ser visto. Hacer reir. Hacer todo. Hacer más. Siempre más. Aprender. Enseñar. 

¿Por qué intentamos controlar todo lo que nos rodea? ¿Por qué ese error? Vivir un vida bajo control entre una naturaleza descontrolada. ¡Qué contrariedad!, ¿no? 

Claro que lo es, pero... ¿a  caso no somos la contrariedad personificada? 

Alguien dijo una vez aquello de "Querer es poder. Queramos por lo menos!"  

Queramos, por lo menos, ser un poco kamikazes. 

Como diría el gran Quique González... :

"No hay vía libre, es una trampa genial...

...juégatela un poco, valiente"