viernes, 22 de agosto de 2014

¿Dónde está la suerte?

Era jueves
y fuimos a cenar
al restaurante de siempre 
del hombre gordo 
y la camarera sexy.
Nos sirvieron las bebidas
y cogimos la carta, 
y cuando me quise dar cuenta
ya tenía un trozo de tortilla
recién hecha
recorriendome el gaznate.

Bebí un poco de agua
y cogí un trozo de pan
y vi en la mesa de la derecha
a un joven con una cicatriz 
que recorría su cabeza de oreja a oreja.

Parecía como si alguien 
hubiese querido abrirle el cerebro
como una sandía. 
Eso me estremeció.
Mientras, mi madre me preguntaba 
si quería un poco más de ensalada. 

Me terminé el último trozo de tomate
y observé que la madre 
del chico con la cabeza de sandía 
le enseñaba algo en la pantalla del móvil.

Se reía, pero le costaba comprender 
lo que veía. 

A mi me trajeron las albóndigas,
y la camarera me guiñó un ojo
cuando pasó por delante. 
Siempre hemos tenido 
ganas de hacerlo juntos. 

Y antes de terminarme las albóndigas 
pensé...

No se porqué pienso que soy más afortunado. 

No abrí la boca el resto de la cena,
hasta que me tocó pedir la cuenta. 

lunes, 18 de agosto de 2014

Un cigarro a media noche

Eliges a tu víctima
sin preguntar 
y muere un inocente 
al azar
quemado vivo. 

La primera calada 
la mejor de todas.
El humo blanquecino
inunda el espacio
alrededor de tu rostro
y la llama aún se desliza
por el interior de tu bolsillo.

Inhalas la primera bocanada 
y los problemas comienzan 
a disiparse
entre una nebulosa artificial 
y las dudas arrancan 
a volar entre las partículas en suspensión 
del alquitrán
el monóxido de carbono
y la nicotina. 

Pero tras la tercera
o la cuarta calada, 
el recuerdo empieza 
a consumirte
como la pólvora 
del papel,
y te devora irregular,
aleatorio
sin un camino claro
o aparente. 

Atacas de nuevo 
y los labios 
empiezan a hacerse desear
casi en un estado 
sadomasoquista,
saboreando el canto de la muerte
que inunda tu boca,
atraviese la tráquea 
y enloquece tu alma. 

Ya queda poco para recordar
las caladas que no pudiste dar
y los cigarros que no fumaste 
por hipnotizarte con el tono su voz 
y el movimiento de los dedos
hacia su boca,
sosteniendo aquello que querías ser
y que fuiste por un tiempo.
La inundación de una necesidad 
efervescente y descontrolada,
tan etéreo,
tan lleno de vida 
y de muerte, 
sin importar el momento ni el lugar
tan sólo el movimiento de su boca
exhalando la fragancia nociva
pecaminosa 
y sensual 
altamente adictiva. 

La última calada
el crescendo final
y la presentación de todos los músicos 
de la filarmónica de Londres 
haciendo la reverencia 
hacia esta majestuosa 
y magnífica escena,
de un momento glorioso,
de apenas unos minutos, 
donde tu mundo se detiene,
para enterrar lo que no dijimos 
cuando nos fumamos
un cigarro
a media noche.

"Fumar perjudica gravemente la salud
y la de los que están a su alrededor"