martes, 30 de octubre de 2012

Un día más

          Muchos días sin escribir, sí. Y es que necesito tiempo, tiempo para pisar el freno, bajarme del coche y ver dónde estoy. Porque hoy es de esos días en los que le das vueltas a todo. Días en los que quieres irte de aquí y desaparecer lo más rápidamente posible, intentando dejar atrás todo aquello que te persigue y te quiere atrapar.

Pero siempre ocurre lo mismo, que cuando consigues librarte de ello, te das la vuelta, intentas convencerte a tí mismo...pero sabes que lo que quieres está allí, y no puedes dejar que se vaya.

A veces pienso que debería volver a mis raíces, a aquel niñato despiadado y sin compasión, que miraba su corazón por encima del hombro. 
Siento que por mucho que dé de lo bueno que hay en mí, nadie consigue valorarlo. Es algo que lleva pasándome desde hace bastante tiempo, y parece como si la parte mala de mi conciencia me susurrase al oído suplicándome que saque de nuevo a la persona que solía ser.
Lo he dado todo. Creo que es algo que sigo intentando hacer. Pero parece como si mis intentos por ser alguien bueno cayeran en saco roto, una caída rápida y precipitada, como la de una estatua que pierde el apoyo por pesar demasiado.
Voy muy rápido, seguramente con exceso de velocidad. 
Tengo el pie en el freno, pero aún no se si debo o no debo pisarlo.  

Me vendrá bien unas vacaciones para descansar el motor.


"Prefiero una locura que me entusiasme a una verdad que me abata."

miércoles, 24 de octubre de 2012

Reflexiones antes de dormir

Porque es el momento en el que cierro los ojos y apoyo la cabeza en la almohada, cuando mi mente se dispara en miles de direcciones.
No soy capaz de centrarme en un pensamiento concreto. Todo al mismo tiempo se abalanza sobre mi como una manada de lobos hambrientos.
Recuerdos del pasado, acertijos en la oscuridad... todo aquello que me provoca un sentimiento ambiguo y difícil de definir.
La cabeza se llena de paradojas y contradicciones que no tienen sentido. Busco la manera de librarme de ellas, como el niño al que no le gustan las verduras, pero cada noche me encuentro con una variedad nueva.
Evito el vinagre de las azelgas y el aceite de la lombarda, pero no hay quien se libre de esas estúpidas  judías verdes y de los puñeteros guisantes. Diminutos, insignificantes, peligrosos.
Detalles que cobran importancia a medida que pasan los minutos y el silencio empieza a ser atronador.
Valquiria sinfónica de un reino Baladí.

Hablo conmigo mismo. Lanzo preguntas al aire, pero nunca encuentran respuesta. 

A veces creo que me ayuda. Pero no nos engañemos, a nadie le sirve rallar limón por la noche, a menos que tus dotes culinarias se despierten de la cama y te pongas a preparar un riquísimo arroz con leche.

No hay una sola noche que no desee que todo sea más fácil. Sí, yo, a ese que tanto le gustan los retos...diciendo esto, que sea fácil.
Pues sí, claro que quiero que sea todo más fácil. Es un largometraje del que quiero ver el final de una vez por todas. Se que todo lo bueno se hace esperar, pero cuanto más espero más errores cometo, y eso no es propio de mi. Es como si me impacientara, como si me pusiera nervioso al ver la luz al final del túnel. 
Hay noches que siento una presión en el pecho pensando que nada de esto habrá merecido la pena. Que es mejor perder la esperanza de una vez por todas y dejarlo todo a un lado. Que todo lo bueno que hay en mi no sirve de nada y debo sacar lo malo, y lo que tanto ansía salir.
Pero no, no gastaré horas de sueño para nada. Porque por oscura que sea la noche, el sol siempre saldrá entre las montañas, y por mucho que llueva y atrone, tarde o temprano llegará la calma.

Porque tenga o no tenga limón, el arroz con leche siempre estará dulce.

lunes, 22 de octubre de 2012

Dos caminos, una misma dirección.

           He vuelto a hacerlo. No ha sido a propósito, pero he caido en la trampa. 
He vuelto a imaginarme esos dos caminos. 
Me veo a mí, frente a ellos, sin saber que dirección tomar. Posiblemente sea la decisión más difícil de toda mi vida. Los dos me conducen a un mundo desconocido, pero no me importa el final, sino la forma de caminarlo.

Os hablo de dos formas de vivir. Dos formas de ser feliz, o por lo menos de intentarlo. Dos maneras de afrontar la vida

Por un lado tenemos la del chico soñador. La del ambicioso. La del estudiante que aspira a ocupar un puesto importante en la escala social. La de vivir bien, con lujo y glamour. La de levantarse por las mañanas en una habitación de diseño, acompañado de la mujer que amas. 
Una casa grande, de decoración vanguardista, con las últimas tecnologías. Un garaje amplio donde duerme la dama pelirroja recien llegada de Italia. Un imponenente 458 rojo ferrari, con el que pasear en las tardes de verano por las costas del sur de francia. Pasar los inviernos en Paris, hacer el amor con tu mujer a la luz de la luna con el fuego de la chimenea todavía encendido. Sentir como el viento frío de Diciembre se cuela entre las sábanas, y la abrazas con la esperanza de que no se despierte.  Jugar al golf mientras ella disfruta de una mañana de compras en Louis Vuitton. 
Disfrutar del verano en Ibiza, tomando el sol en la proa del barco, anclado en una de las calas paradisíacas.  Un pequeño aperitivo con una botella de Moët y unas tostas de caviar.
Bañarse desnudo al atardecer, en completa tranquilidad.
Tomarse una copa en una de las discotecas de moda con los djs más selectos.
El Otoño en central park, disfrutando de las vistas desde el ático del Upper East Side, viendo como las ojas tiñen de colores crudos la gran manzana. 

La felicidad te desbordará cuando esperes tu primer hijo. Ver como tu mujer irradia alegría y no eres capaz de describir con palabras lo que sientes. Muchos dicen que es lo mejor que les ha pasado en la vida. Y así debe ser. 


No voy a mentir. Soy un amante del buen whisky, las mujeres guapas, los coches rápidos, la ropa cara y el arte. Y os mentiría si os dijera que no me gustaría vivir así.  Puede sonar superficial, pero soy de los que piensa que la vida está para disfrutarla, y más aún si es acompañado de la mujer a la que amas.



Pero ahora os muestro la otra cara de la moneda. La de la sencillez. La de el todo y la nada al mismo tiempo. Porque siendo sinceros, la felicidad verdadera no se paga con dinero. 
La felicidad también está en lo más insignificante.
Está en la sonrisa de un niño que se muere de hambre porque le das un trozo de pan, en la madre que vuelve a ver a su hijo después de una larga operación, en la novia del soldado que vuelve sano y salvo de Afganistán, en la abuela que ve a su nieto subir al altar, en el marido que vuelve a besar a su mujer después de superar un cáncer de mama, en el niño que recibe su primer regalo de navidad, en la madre que ve a su hijo por primera vez, y en tantas y tantas situaciones que pasan desapercibidas para nosotros pero que son tan importantes para otros.

Hablo de vivir de la madre tierra, de vivir con lo estrictamente necesario. De huir de los problemas de la gran ciudad,de no tener jefes a los que dar explicaciones, de no preocuparte por encontrar plaza de aparcamiento y poner el ticket de la zona azul. De saber que lo mejor que tienes eres tú mismo y tus ganas de vivir. De amar a alguien con tanta fuerza que no necesites nada más para ser feliz que su propia felicidad. De no preocuparte por lo que comerás mañana o donde estarás dentro de un mes, sino de vivir el momento, hacer cada momento único e irrepetible. 

Supongo que habréis entendido de lo que os hablo. Una moneda de dos caras que siempre gana.
Lo único que tenemos que hacer es escoger. Cara o cruz, tú decides.
Lo siento, pero no puedo deciros cual es mi elección. Será algo que iré descubriendo paso a paso.

"Caminante no hay camino, se hace camino al andar"



J.





martes, 16 de octubre de 2012

Fácil o difícil. Tú decides

No se si la vida es fácil o difícil. Es más, no creo que vaya a tener la respuesta algún día.
Pero sí se que las decisiones que tomamos, la mayoría de las veces, no son nada fáciles.
Pero el problema no está en la decisión, sino en lo que estamos decidiendo, en lo que acontece en ese preciso instante.

A menudo tomamos decisiones de forma inconsciente, sin pensar en si lo que hacemos está bien o está mal, o si es bueno o malo para nosotros, y eso amigos, es lo que debemos hacer.
Algunos creerán que no se puede ir por la vida sin pensar en lo que está bien y lo que está mal, otros os hablarán de una moral o de una ética que debemos seguir. ¿Empieza a complicarse la cosa verdad?    Pues no, nadie nos la complica. Somos nosotros lo únicos que nos la complicamos.

Pero, a decir verdad, ¿a quién no le gusta complicarse la vida?

Porque veréis, es inevitable perseguir aquello que no tienes, que sabes que es difícil de conseguir, y que tanto deseas. Puede que sea algo insignificante, o puede que realmente sea casi imposible de lograrlo. Pero cuanto más lejos lo tienes, más cerca quieres estar.

Reconozco que es algo que lleva pasándome desde hace varios años. Me cuesta admitir que me gusta ser así, pero no puedo evitarlo. Soy un joven caprichoso que solo busca meter las narices donde no le llaman. Y sí, me encanta complicarme la vida, es una droga a la que soy adicto y no quiero dejar jamás. Puedo hacer cualquier cosa por conseguir lo que quiero, y juro que un chute de esta mierda cuando sale bien es mejor que cualquier otra cosa en el mundo. Pero no os confundáis, no persigáis al viento, nunca lo alcanzaréis.

Hablo de perseguir cosas que de verdad importan. No hablo de algo material. Hablo de la vida, y de todas sus esencias. De todas aquellas esencias que se guardan en frascos pequeños.
Porque esta es la mierda de la que os hablo, la vida es difícil, claro que lo es, es jodidamente difícil. ¿Qué sentido tendría vivir una vida fácil? ¿Dónde estaría el éxito y la emoción de conseguir lo que tanto tiempo llevas buscando?
Para mí es una forma de vida.

Y ¿sabéis lo mejor de todo?, que cuando menos te lo esperas aparece. Aparece eso que tanto tiempo llevas esperando, que te llama con su embriagador canto de sirena al que yo soy adicto.
 Y no puedo deciros otra cosa; luchad, dejaros la piel por ese frasco diminuto de esencia pura que tanto queréis y que tanto os cuesta conseguir, porque esa amigos míos es la mejor droga del mundo y no se puede comprar.

Recordad, la clave está en aprender a elegir. ¿Cuándo lo sabréis? Cuando no querréis soltarlo.


>>Para M, para que el 11 deje de ser un número y se convierta en todo aquello que dejamos escapar y que tanto merecemos. "Se que no soy como los demás, por eso me reservo hasta que te des cuenta de ello" R&S muy pronto en los mejores cines)<<







domingo, 14 de octubre de 2012

Cosas que ocurren antes de dormir

¿Sabéis? Es curioso cómo las emociones pueden cambiar en cuestión de segundos. A veces ni nos damos cuenta de cómo ha sucedido, pero ocurre. Y es una sensación realmente buena.

El comienzo

Nunca me había parado a pensar en la importancia que tiene una puerta.
Diariamente abrimos y cerramos multitud de ellas sin preguntarnos qué sentido tiene en realidad.
La puerta de casa, la de clase, la del coche... cada ella con un significado distinto.

Pero una puerta es algo más que un listón de madera y un picaporte. Es el paso hacia el otro lado, hacia nuestro destino.

Durante estos últimos años he pasado hacia el otro lado en varias ocasiones, pero pocas veces me he parado a pensar si realmente es hacia donde quiero ir. Y este lugar será el alto en el camino,  el lugar que me ayudará a pensar qué camino escoger y donde esta su fin. Eso y mucha más detrás de "The Door"


http://www.youtube.com/watch?v=cJQwnAhXnBk