martes, 18 de noviembre de 2014

Creo.

Creo en Dios
y en su ira.
Creo en el odio sistemático,
en la alquimia superflua
de emociones estupefacientes.
Creo en la negación 
y en la muerte de El Yo
en la locura enfermiza
y en la graduación de 
bebidas alcohólicas.
Creo en la sangre 
que brota de una herida
provocada 
por algo llamado amor.
Creo en el deseo carnal
el instinto animal
en el juez y el verdugo
en el crimen y el castigo
creo en la soledad eterna
creo en el suicidio romántico
del XVIII.
Creo en la muerte
en las sirenas 
en su canto
y en la realidad fragmentada.
Creo en todo aquello
que cuesta creer,
menos en lo que algunos creen.
Creo que hay que creer.
Creo contigo
y sin ti.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Sin garantía.

Algún día 
venderemos nuestros ojos
por unos cuantos megas
y pelearemos con Gandhi 
por la clave wifi. 
Venderás a tu madre 
por un par de rallas
de cobertura. 
Follaremos a distancia 
y los orgasmos 
serán 
emoticonos sonrientes
sin preliminares 
y el cigarro de después 
un simple jajaja.
Regalaremos fundas de piel
humana 
para proteger 
lo más preciado de la humanidad.
Lo que posees 
acabará poseyéndote 
y dejarás un rastro
de sangre fresca 
para que el león 
que mordisquea manzanas
acabe llevándose consigo
tus pulgares con aloe vera.
Somos cadáveres 
en ataúdes de 6,4 mm
y pantalla de retina 
con vistas en primera línea 
del juicio final,
donde las llamas 
arderán sin filtros fotográficos.
Somos objetos 
con obsolescencia 
y financiación a tu medida,
sin intereses,
artesanía divina 
obra de Dios Todopoderoso,
con defectos de fabricación
sin garantía
y sin nadie alrededor
que nos actualice. 

domingo, 16 de noviembre de 2014

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Surrealismo

De las caricias
al polvo perverso.
Del sendero
al viaje eterno.
Nace, vive y muere.
Nace, bebe, fuma, muere
Nace, bebe, fuma, no ames, muere.
Nace
y
si quieres
muere. 
Un final con un camino
o un camino sin final.
De la llama de un hogar almibarado
a la centella ardiente y devastadora
de un fuego perpetuo
con quemaduras de tercer grado
y un orgásmico infinito
gracias al poder de la morfina.
A veces pienso en quemarme 
a lo gonzo
y perdurar en la memoria
de aquellos que lo presenciasen,
como el hombre 
que ardió al rojo vivo
por voluntad propia,
e iluminó la calle oscura
de una ciudad iluminada
e incendió la sangre de un oscuro corazón. 
Y desaparecer de un destello
casi divino
para llevarme al sueño eterno
entre éter y heroína
un recuerdo surrealista
y una mujer irreal. 

Azul oscuro casi negro.

Una estrella del rock
que muere a los 27 
por ahogarse en su propio vómito
con varios litros de vodka
corriendo por sus venas.
De mojarse los labios,
a la botella entera.
De oler perfume femenino 
a esnifar pegamento.
Somos la generación 
del ya veremos que pasa
y en realidad no pasa nada
salvo un par de pájaros 
que revolotean en la azotea
de un edificio con certificado energético. 
Somos la generación del
yo no soy así,
del soy diferente,
del "esto no lo hago con todos"
pero lo han hecho todo 
con alguien.
Admiro al vagabundo 
que comparte su amor por la bebida
de la puta que enseña el liguero
por amor al dinero
del borracho que vomita 
en la puerta de un museo contemporáneo.
Somos la generación sin amor
sin el todo
y con la nada. 
Sin el negro puro
el oscuro
el intenso
el que atrapa 
y no,
no es azul oscuro casi negro.