lunes, 28 de julio de 2014

Aquella fiesta.

El otro día
me invitaron a una fiesta
y cuando llevaba dos cervezas
y cuatro cigarros
me di cuenta de que
todos los invitados estaban felices
iban bien vestidos
sonreían sin parar
y parecían perfectos.
Eran prototipos multifuncionales
con capacidad de sentir,
y mostrar felicidad
en cualquier circunstancia.
Y todo eso me hizo beber más,
y cabrearme,
porque yo sólo quería
encontrar una mujer peligrosa
y difícil
e imperfecta
que pudiera llegar a odiar,
y a hacerle el amor
como si nada me importara,
y al acabar volver a odiarla.

Y salí de aquella fiesta
empapado en alcohol
sin tabaco
sin conocer a nadie interesante
y tremendamente cabreado
por no haber encontrado
a algún hijo de puta al que querer matar
ni a alguna pequeña zorra
a la que poder odiar el resto de mi vida.

domingo, 27 de julio de 2014

1:53 Para siempre.

El viento nocturno
azota suavemente el pino canadiense
y puede oirse cómo alguna ráfaga
se cuela entre las calles y sus recovecos
produciendo un sonido
inquietante y atractivo.

Y más allá
las rodaduras
de los coches que circulan
por la carretera comarcal
en busca de una historia
con la que cerrar el fin de semana.

La luna no se ve desde mi ventana
pero sí el gris aterciopelado
de una noche olvidada
que en su momento fue algo
para recordar.
Y hoy no es más que eso,
noche.

Los vecinos probablemente duermen.
Yo sigo despierto,
escribiendo algo
que a nadie le importa
y que no tiene ninguna relevancia,
salvo el hecho de hacerlo
a las 1:53 de la madrugada,
mientras el mundo sigue girando
sobre sí mismo
y sobre el astro rey,
y alguien a quien no conoces
le invita a una copa,
sin preámbulos,
y tú sabes perfectamente
que nunca,
nadie,
tendrá suficiente dinero
para poder comprarla,
porque la belleza seductora
de la muerte
no tiene precio,
incluso para el que quiere
bailar con ella a la luz de la luna.
Sólo puedes esperar
a ser el elegido
y que ella misma venga a por ti,
o puedes recurrir al camino fácil
y meterte una bala entre ceja y ceja
porque ya no puedes más,
y quieres ser suyo
PARA SIEMPRE.

Y ahora recuerdo que yo
no giré la cabeza
cuando me despedí aquella vez.
Y que ahora volvería a hacerlo
sin dudar,
y volvería sobre mis pasos
para atrapar el instante
y no soltarlo jamás
hasta que me quemase en las manos
y muriera a lo gonzo
con el titular a la mañana siguiente:
"Joven muere tras aguantar demasiado
el fuego en sus manos"

Un bonito final
para una noche cualquiera.

Así empezó todo.

Soy un borracho.
No tengo dinero,
ni familia,
ni amigos.
Tan sólo soy un almacén de alcohol
una máquina de olvidar,
un ser humano que vive tirado en la puerta de algún bar de mala muerte
donde me fían todo lo que cae por mi garganta.
Soy un espectro de la noche
y un estorbo de día,
y me refugio al final de la barra
sobre un taburete de polipiel negro
desgastado
de aguantar durante demasiado tiempo
a tipos como yo.

Yo sólo quería recuperarla.

Me puse el traje azul,
reservé en el restaurante donde nos conocimos.
Estaba nervioso
y no podía parar de mirar el reloj
que colgaba de aquella esquina.
La esperé
fumándome un cigarro.

Y de pronto,
sonó el teléfono.
Sabía que era ella.
Pero no fue así,
y al otro lado una voz dura y fría
preguntó por mi.
Llamaron al último número que tenía marcado.
Un camión cisterna
pasó por encima de su pequeño coche rojo.
El conductor iba puesto de coca.

Así terminó todo
y así empecé a beber.

Yo sólo quería recuperarla.

sábado, 26 de julio de 2014

Reflejos matinales.

Haller sintió de nuevo la luz del sol sobre su rostro. Era una mañana fría y había escarcha en el marco de la ventana. Los rayos del astro rozaron sus ojos, y mientras se desperezaba e intentaba que sus articulaciones volviesen a funcionar, su madre preparaba café y los vecinos salían de su casa para empezar el día. Pero todo eso no importa. Sólo importa la lucha incesante por poner un pie en el suelo frío, entre las paredes de una habitación oscura que la luz comienza a devorar. A las 8 en punto, espasmódicamente, se destapó, arrojando el edredón de pluma nórdica a los pies de la cama. El
olor a café se coló por debajo de la puerta.  Le dolía la mandíbula, el estómago, y el ventrículo izquierdo, y había soñado con ella toda la noche. Su pies tocaron suelo, y un escalofrío le recorrió toda la espina dorsal. Salió al pasillo y el olor a café cada vez era más intenso, mezclado con unas notas de ilusión, odio y fogosidad. El baño estaba justo en la puerta de al lado, y entre algún que otro tambaleo y el pelo completamente desaliñado, entró despacio y casi de puntillas, sin una razón aparente. El baño estaba bien iluminado, las paredes eran de pizarra la natural y las toallas blancas y negras, y Haller se detuvo delante del espejo, apoyando las manos sobre la encimera blanca, y como si no reconociese su propia figura, se quedó mirando aquel reflejo matinal, sonriendo, y preguntando, sin hablar...:

"¿Volveré a soñar con ella?"

miércoles, 23 de julio de 2014

En la sala de espera.

Atravesé la puerta
y la amable señorita
de sonrisa interpretada
me tomó los datos.
Esperé en una de esas sillas incómodas
feas y desgarbadas,
el típico quiero y no puedo
de clínica privada. 

Me miró un par de veces,
y para la segunda vez 
ya tenía ganas de calzarle una hostia. 
El clásico tío sacado de una revista 
de decoración 
que te enseña su bonita casa 
en las afueras de Madrid. 
Le mataría. 

A su derecha una joven
acompañada de su madre
o su tía la del pueblo,
qué más da. 
Su camiseta de tirantes dejaba ver
los tatuajes
y los pantalones cortos 
se le subían cada vez
descubriendo alguno más.

Ya no sabía si matar al decorador
o follarme a la de los tatuajes. 

Por suerte la amable señorita llamó a consulta 
y a la chica con la mujer de compañía. 

Te ha tocado la peor parte 
amigo.

domingo, 20 de julio de 2014

La realidad cotidiana.

He salido a pasear,
en mitad del campo,
y mi compañía era el viento
la arena del camino
y algún insecto volador.

El campo no me inspira.

No me inspira el paisaje idílico
la naturaleza
o las lunas llenas.
Ni los arcoiris
ni todo aquello aparentemente mágico
romántico
o sacado de un poema de Robert Frost.

Me inspira el bebercio.
El llanto.
El dolor.
La crueldad.
El vómito.
Las ganas de más.

La realidad cotidiana.

El deseo carnal.
El sexo
y el cigarro de después
y el silencio de la mañana.
La idea de poseer a las mujeres
y las ganas de beber
ante la misma idea.

Los gatos plateados,
el miedo,
los polvos por compasión
y los besos robados.
Los labios rojos de carmín,
o de sangre.
Las marcas de las garras en su piel
o el sudor frío en mi espalda.

Los "tenemos que hablar"
la rotura de motor
y el humo invadiendo la calzada,
la muerte, tan bella como siempre
y su canto de sirena.
Los escotes de la blusa negra,
y las largas piernas,
de víbora
o de tigresa.

Hay razones suficientes
en la vida cotidiana.

Hay motivos suficientes
para volverse a despertar.

Hay que elegir cuando querer morir.


miércoles, 16 de julio de 2014

En frente.

Eran las 7:35 y el sol
me cegaba a través del cristal
cuando me dirigía al trabajo
por la calle de la carnicería
y del árbol seco.

Estaba jodido,
necesitaba echar un polvo,
y me dolía la mandíbula
de una pelea la noche anterior.
A veces pegas,
otras te dan.

Era cajero en un supermercado de barrio.
No soportaba demasiada responsabilidad,
pagaban bien, comías caliente
y mi jefe era un cabrón
de esos que alardea de serlo.
A veces le meaba en el depósito del coche,
y su mujer siempre estaba en bata
por la casa.
Era un hombre poco interesante.

A las 8:16 noté como el viento
me rozaba la carne
que asomaba entre el calcetín y el pantalón.
No levanté la cabeza.
Estaba contando monedas.

Oí a Larry gritar algo desde
las latas en conservas,
y un poco más tarde a Johnson
desde las cervezas de importación.
Se le cayó una caja al suelo.

Yo seguía contando monedas,
me faltaba poco.

Los de la carnicería, unos hermanos que entraron nuevos
la semana pasada, también graznaron.
Aquello que fuese lo que pasase
se acercaba hacia mi puesto de trabajo.

Acabé con las monedas y me puse
a recambiar el rollo de papel
de la caja registradora.

La cinta echó a rodar y con ella
un par de productos.
Una botella de té al limón
y una pequeña bolsa de almendras.
Me dolían los ojos, tenía resaca
y no levanté la mirada.
-Buenos días. - dije.
-Son 4,80.
Una mano fina y almibarada
me tendió un billete de 5.
-Su cambio, que pase un buen día.

El jefe me llamó, y me dio otra caja de monedas

Cuando terminé mi turno, todos hablaban de la chica
de las 8:16. Era mi ex, llevaba sin verla casi 15 años
todavía la amaba.

Los chicos siguieron hablando,
a veces sólo hay que levantar la vista del suelo.

martes, 15 de julio de 2014

Genios por amor.

De lo que no te habló tu madre
ni hablarás con tus amigos, amigas
o con el vecino que sube contigo
en el ascensor.

Los genios que no salen en los libros de historia
ni en la televisión,
ni en los periódicos municipales,
ni en los de tirada nacional.

Vagabundos
borrachos
locos
putas
y algún que otro ladrón de medio pelo
todos
y cada uno de ellos
dueños de la noche
artistas contemporáneos.

Porque han elegido salirse del rebaño
y ser parte de la calle
y llevar el Arte a las calles más oscuras
y a los callejones más profundos.

Y el Arte no será visto por nadie
más que por ellos,
porque el buen Arte es entendido
por muy pocos,
y para muy pocos.

El Arte de elegir otro camino
y evadirse de la ecuación común
y beber por amor a la bebida
o follar por amor al dinero.

Conozco a pocos seres humanos
que beben por amor
o trabajen por amor
o follen por amor.
Es algo kafkiano
y puede que pretencioso
pero los genios
a menudo
son incomprendidos.

Charco

La otra noche
ví a una mujer
de esas que quitan el hipo.
Llevaba un pantalón muy ajustado
y el culo se le marcaba
como un redondo de ternera
con la malla de nailon.
Estaría rellena de sangre y vísceras.
Sus andares eran insinuantes
y algo enfermizos,
y de repente tropezó con una piedra
blanca, de río,
y calló sobre un charco de agua
vómito, y orina.

No somos nada.
El alcohol puede hacerte amigo de un elefante rosa.

Así es el Arte.

Lucha contra lo evidente.
Nada a cotracorriente.
Pelea si hace falta,
sangra,
levanta la voz,
bebe whisky
si eso te hace más fuerte,
pero hulle de la ecuación común.

Elige cuando morir,
vuelve a fumar,
pierde la razón
pierde el sueño
pierde las llaves de tu coche
el de tapicería de cuero, navegador
y cargador de teléfono última generación,

No estés muerto antes de tiempo.
Rompe los cristales de tu habitación.
Colócate,
pierde la noción
llega tarde
no hables si no tienes nada que decir
y hazle el amor
hasta que llore de placer,
o hasta que llores alcohol.

Así es el Arte,
vagabundos de la noche,
y del día
y de la tarde.
Una mezcla de realidad
y de historia inventada.
Y no vivir de ello
no aprovecharse.
Porque las palabras se las lleva el viento
y las almas...
El infierno.


Cadillac solitario.


viernes, 4 de julio de 2014

Ser

Todos tenemos que ser algo.
Esa es nuestra condición humana
y no podemos huir de ello
por muy alto que volemos.

El perro es perro
y el gato es gato.
Incluso el animal más grande
y fiero de la tierra
tan sólo es eso,
animal.

Y la planta
el agua,
el aire,
el fuego,
el vino
son sólo eso.
Ser

Quiero ser todo
sin ser nada.

Quiero ser agua,
necesidad,
aletheia,
camino,
felicidad,
recuerdo,
palabra,
guerra
y paz.

Quiero ser ácido
éter,
droga,
sonrisa,
llanto,
lágrima,
abrazo,
beso,
placer,
dolor.

No quiero ser
como los demás.



jueves, 3 de julio de 2014

Cuchillas después de un baño.

Todo estaba listo.
Dejé la botella
sobre el borde de la bañera.
La mampara seguía empañada,
y yo todavía estaba mojado.
Me había dado un baño
después de 5 cervezas.

Me deshice de la toalla.
Estaba completamente desnudo,
frente al espejo,
crudo,
firme,
borracho.

El lavabo rebosaba
de agua fría
con sabor a cobre.
Tenía los pies machados de sangre
posiblemente de alguna de mis caídas
las noches anteriores,
o las mañanas siguientes
cuando iba a vomitar.

Abrí el cajón de la derecha.
Junto a un peine
con púas amputadas
y cabellos sueltos
encontré la caja de cuchillas
que solía utilizar.
Era la marca favorita de mi padre.
Ese viejo sabía como gastarse el dinero,
eran de muy buena calidad.

Saqué una,
envuelta en papel reciclado
marrón,
rugoso,
la cuchilla...
reluciente,
intacta,
perfecta.

Estaba listo.
Agarré la botella
y me la terminé de un trago.
Cogí el paquete de cigarrillos
que tenía sobre el inodoro.
Elegí a mi víctima.
Me lo fumé.
Lo consumé.
Lo apagué sobre el jabón de manos
que habría robado de uno de los hoteles
en los que había estado.

Me senté sobre el inodoro,
no había vuelta atrás.
Cogí la cuchilla,
con mi temblor habitual
y noté el frío de la hoja
a modo de escalofrío
recorriendo todo mi cuerpo
hasta la punta de los dedos de mis pies.
Estaba empapado en sudor.
El filo brilló ante mis ojos.
Apreté el brazo...
y corté la última espina de la rosa
que le había comprado
cuando salí del trabajo.

Aquella noche,
iba a jugármelo todo
a una carta.

miércoles, 2 de julio de 2014

Era

Era de esos que corría
sin saber muy bien a donde
con el jersey lleno de espigas
de haber estado buscando la pelota
entre aquellas plantas que pinchaban
que mordían
y que te miraban perdonandote
la vida.

Era de esos
que no lloraba
que prefería abrirse la cabeza contra el suelo
a golpe de herrero
y cabrear más a mis padres
porque llorando
rara vez conseguía algo

pero sabía que a mis padres
no les gustaba sentir a la muerte
cerca de mi.

Era de esos a los que no le importaba morir
porque creía que eso era cosa de mayores
y que jamás moriría
por muy alto que subiera.

Nunca moriré
eso es algo que sigo teniendo muy claro.

Era de los que apostaba fuerte
por darle un beso en la mejilla
a la niña de las pecas
de la clase de al lado.

Corría mucho
casi más que ahora
y si podía, empujaba a listo de las zapatillas nuevas
que corría más que yo
para llegar el primero
y darle un beso en la mejilla
a la niña de las pecas
de la clase de al lado,
o de la otra.

Me castigaron una vez
por arrancarle la cabeza
a un muñeco de la clase.
Aquel hombre no podía moverse
yo sólo intenté liberarle
la profesora era una auténtica zorra
y tampoco dejaba que su novio
que venía a recogerla en moto
se moviera.
Seguro que él también
querría arrancarse la cabeza.

Echo de menos aquellos años
cuando apostabas todo
todo o nada
sin reservas
sin avales
a vida o muerte
sin importar la altura
o el número de escalones
y todo por ser el rey del patio
el novio de la chica de las pecas
y el que más corría de la clase.

Qué cojones!!,
tendremos que morir algún día,
No?