domingo, 19 de abril de 2015

Anacoreta 2.0

Presidiarios en cárceles sin barrotes
con tecnología 3G
fibra óptica
y pantalla táctil,
maniatados por cables de cobre
con cobertura blanca
y cargadores sueltos.

Dependencia ilógica
de baterías de litio,
ensimismados
por conversaciones superfluas,
a través de la pantalla
de un objeto inanimado.

Triste realidad
de un mundo,
que se presenta cada mañana,
esperando ser observado,
por personas atrapadas
en aplicaciones móviles.

Perdemos la esencia vital
hipotecando nuestra mente
con letras que no tienen precio,
tan sólo una “última conexión… 
y un aval innegociable :
en línea



Una receta insípida
aderezada con altas dosis
de frivolidad,
donde nada importa
si no lo twitteas,
donde no eres nadie
sin un pulgar arriba.

Anacoreta 2.0,
disfuncional,
frágil,
anodino,
que dormita en una caverna
sin oscuridad,
sin roca,
sin fuego,
habitada por microchips
y procesadores de alto rendimiento.

Las cafeterías
ya no sirven cafés
a parejas que quieren conocerse
porque hoy
todos conocemos
el perfil
de la persona de al lado.

Ya no corre tinta
por el papel que habita
dentro de un sobre,
que descansa en el buzón
de la esquina,
esperando a un cartero
con un saco cargado de historias.

Autómatas

Robots programables
por una gran multinacional
donde las manzanas mordidas
en el dorso de una pantalla
no están al alcance de cualquiera.

Paradójico, en un mundo
donde dos tercios de la población
no conoce el sabor de una manzana.

Donde generamos dependencia
por la vida de alguien
que aparece en televisión,
sin ser capaces de sonreír
al conductor
que transporta desconocidos
sistemáticamente.

Caminamos de noche,
bajo un manto de estrellas,
hacia la deshumanización
de almas
colmatadas de alcohol destilado
y refrescos con burbujas.

La pérdida nociva,
del momento perfecto
de la esencia,
del lugar,
de la historia que empieza
con un baile de máscaras.
El regreso nihilista
del “nada importa nada”,
del hoy es hoy,
y mañana es mañana.
El camino hacía un pecado
que se antoja natural:

Individualismo.

La muerte del
a manos de un yo.

La efervescencia fugaz
del compromiso ante la vida,
ante el prójimo,
ante el mundo,
que se desvanece
con el humo de una calada,
al comenzar el día.

Nihilistas presocráticos,
inocentes,
habitantes de una postmodernidad
subyugante,
capaz de devorar mentes,
como una cortacésped
en la primavera que acontece.

Cómo podemos permitir
pasar hambre
a hombres inocentes,
que duermen en las calle
y sólo escuchan
cómo pasa la vida por la acera de en frente.
Cómo
cuándo
y dónde
perdimos la noción
humana de seres racionales.

Nos dirigimos hacia un abismo
vacío,
sin un suelo para caer.

Y ante un poder artificial,
tecnológico,
inhumano,
imparable,
la lucha
del espíritu
que mueve montañas
y muestra El Camino.

La guerra del siglo XXI
sin armas ni heridos,
y un ejército altruista,
divino,
omnipresente,
que no necesita
aplicaciones móviles
para conocerse
o ser conocido.

Anacoreta 2.0,
desconecta,
camina,
sonríe,

Porque Él es El Camino, La Verdad y La Vida,
porque sin redes sociales,
sin baterías,
sin tecnologías avanzadas
ni dispositivos móviles…

hace nuevas todas las cosas”.












No hay comentarios:

Publicar un comentario