Cueva primitiva,
cuando te alimentabas de leche materna,
reías por no llorar,
llorabas por no reír
y duermes.
Donde amaste por primera vez
en primavera,
o en invierno,
o en la habitación de un hotel de carretera,
o en el infierno.
Estruendo nocturno
del lóbulo occipital
y del parietal
y de toda esa mierda
cuando no tienes nada mejor.
Insectos con ganas de marcha
jodiéndome la historia,
y yo a lo kung-fu,
cazando sueños,
matando moscas.
El vaso de agua que humedece,
que se tambalea por la avalancha
de emociones, de pisadas,
en un mundo lejano, irreal, ilógico
Mientras duermes.
Camisones,
ligeros,
y manos manchadas con sangre inocente,
uñas color ámbar...
Y tú, mientras, duermes.
Insoportable levedad
de una carga apacible,
relajada, con tonos rosas, y berenjena,
viviendo el tiempo del ayer
o el ayer del mañana.
Como un niño con zapatos nuevos,
preocupándose demasiado de no mancharse,
como si el aire estuviese limpio,
Imbécil inocente.
Y tú mientras, duermes.
La magia de la noche antes,
cuando la luna aún es joven,
cuando tu corazón late y late,
Por suerte...
Y tú,
mientras,
duermes.
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