miércoles, 24 de octubre de 2012

Reflexiones antes de dormir

Porque es el momento en el que cierro los ojos y apoyo la cabeza en la almohada, cuando mi mente se dispara en miles de direcciones.
No soy capaz de centrarme en un pensamiento concreto. Todo al mismo tiempo se abalanza sobre mi como una manada de lobos hambrientos.
Recuerdos del pasado, acertijos en la oscuridad... todo aquello que me provoca un sentimiento ambiguo y difícil de definir.
La cabeza se llena de paradojas y contradicciones que no tienen sentido. Busco la manera de librarme de ellas, como el niño al que no le gustan las verduras, pero cada noche me encuentro con una variedad nueva.
Evito el vinagre de las azelgas y el aceite de la lombarda, pero no hay quien se libre de esas estúpidas  judías verdes y de los puñeteros guisantes. Diminutos, insignificantes, peligrosos.
Detalles que cobran importancia a medida que pasan los minutos y el silencio empieza a ser atronador.
Valquiria sinfónica de un reino Baladí.

Hablo conmigo mismo. Lanzo preguntas al aire, pero nunca encuentran respuesta. 

A veces creo que me ayuda. Pero no nos engañemos, a nadie le sirve rallar limón por la noche, a menos que tus dotes culinarias se despierten de la cama y te pongas a preparar un riquísimo arroz con leche.

No hay una sola noche que no desee que todo sea más fácil. Sí, yo, a ese que tanto le gustan los retos...diciendo esto, que sea fácil.
Pues sí, claro que quiero que sea todo más fácil. Es un largometraje del que quiero ver el final de una vez por todas. Se que todo lo bueno se hace esperar, pero cuanto más espero más errores cometo, y eso no es propio de mi. Es como si me impacientara, como si me pusiera nervioso al ver la luz al final del túnel. 
Hay noches que siento una presión en el pecho pensando que nada de esto habrá merecido la pena. Que es mejor perder la esperanza de una vez por todas y dejarlo todo a un lado. Que todo lo bueno que hay en mi no sirve de nada y debo sacar lo malo, y lo que tanto ansía salir.
Pero no, no gastaré horas de sueño para nada. Porque por oscura que sea la noche, el sol siempre saldrá entre las montañas, y por mucho que llueva y atrone, tarde o temprano llegará la calma.

Porque tenga o no tenga limón, el arroz con leche siempre estará dulce.

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