He vuelto a hacerlo. No ha sido a propósito, pero he caido en la trampa.
He vuelto a imaginarme esos dos caminos.
Me veo a mí, frente a ellos, sin saber que dirección tomar. Posiblemente sea la decisión más difícil de toda mi vida. Los dos me conducen a un mundo desconocido, pero no me importa el final, sino la forma de caminarlo.
Os hablo de dos formas de vivir. Dos formas de ser feliz, o por lo menos de intentarlo. Dos maneras de afrontar la vida
Por un lado tenemos la del chico soñador. La del ambicioso. La del estudiante que aspira a ocupar un puesto importante en la escala social. La de vivir bien, con lujo y glamour. La de levantarse por las mañanas en una habitación de diseño, acompañado de la mujer que amas.
Una casa grande, de decoración vanguardista, con las últimas tecnologías. Un garaje amplio donde duerme la dama pelirroja recien llegada de Italia. Un imponenente 458 rojo ferrari, con el que pasear en las tardes de verano por las costas del sur de francia. Pasar los inviernos en Paris, hacer el amor con tu mujer a la luz de la luna con el fuego de la chimenea todavía encendido. Sentir como el viento frío de Diciembre se cuela entre las sábanas, y la abrazas con la esperanza de que no se despierte. Jugar al golf mientras ella disfruta de una mañana de compras en Louis Vuitton.
Disfrutar del verano en Ibiza, tomando el sol en la proa del barco, anclado en una de las calas paradisíacas. Un pequeño aperitivo con una botella de Moët y unas tostas de caviar.
Bañarse desnudo al atardecer, en completa tranquilidad.
Tomarse una copa en una de las discotecas de moda con los djs más selectos.
El Otoño en central park, disfrutando de las vistas desde el ático del Upper East Side, viendo como las ojas tiñen de colores crudos la gran manzana.
La felicidad te desbordará cuando esperes tu primer hijo. Ver como tu mujer irradia alegría y no eres capaz de describir con palabras lo que sientes. Muchos dicen que es lo mejor que les ha pasado en la vida. Y así debe ser.
No voy a mentir. Soy un amante del buen whisky, las mujeres guapas, los coches rápidos, la ropa cara y el arte. Y os mentiría si os dijera que no me gustaría vivir así. Puede sonar superficial, pero soy de los que piensa que la vida está para disfrutarla, y más aún si es acompañado de la mujer a la que amas.
Pero ahora os muestro la otra cara de la moneda. La de la sencillez. La de el todo y la nada al mismo tiempo. Porque siendo sinceros, la felicidad verdadera no se paga con dinero.
La felicidad también está en lo más insignificante.
Está en la sonrisa de un niño que se muere de hambre porque le das un trozo de pan, en la madre que vuelve a ver a su hijo después de una larga operación, en la novia del soldado que vuelve sano y salvo de Afganistán, en la abuela que ve a su nieto subir al altar, en el marido que vuelve a besar a su mujer después de superar un cáncer de mama, en el niño que recibe su primer regalo de navidad, en la madre que ve a su hijo por primera vez, y en tantas y tantas situaciones que pasan desapercibidas para nosotros pero que son tan importantes para otros.
Hablo de vivir de la madre tierra, de vivir con lo estrictamente necesario. De huir de los problemas de la gran ciudad,de no tener jefes a los que dar explicaciones, de no preocuparte por encontrar plaza de aparcamiento y poner el ticket de la zona azul. De saber que lo mejor que tienes eres tú mismo y tus ganas de vivir. De amar a alguien con tanta fuerza que no necesites nada más para ser feliz que su propia felicidad. De no preocuparte por lo que comerás mañana o donde estarás dentro de un mes, sino de vivir el momento, hacer cada momento único e irrepetible.
Supongo que habréis entendido de lo que os hablo. Una moneda de dos caras que siempre gana.
Lo único que tenemos que hacer es escoger. Cara o cruz, tú decides.
Lo siento, pero no puedo deciros cual es mi elección. Será algo que iré descubriendo paso a paso.
"Caminante no hay camino, se hace camino al andar"
J.
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