que muere a los 27
por ahogarse en su propio vómito
con varios litros de vodka
corriendo por sus venas.
De mojarse los labios,
a la botella entera.
De oler perfume femenino
a esnifar pegamento.
Somos la generación
del ya veremos que pasa
y en realidad no pasa nada
salvo un par de pájaros
que revolotean en la azotea
de un edificio con certificado energético.
Somos la generación del
yo no soy así,
del soy diferente,
del "esto no lo hago con todos"
pero lo han hecho todo
con alguien.
Admiro al vagabundo
que comparte su amor por la bebida
de la puta que enseña el liguero
por amor al dinero
del borracho que vomita
en la puerta de un museo contemporáneo.
Somos la generación sin amor
sin el todo
y con la nada.
Sin el negro puro
el oscuro
el intenso
el que atrapa
y no,
no es azul oscuro casi negro.
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