Equipaje de mano, pañuelo de seda
y esperando donde se abren las puertas
una familia nerviosa y ferviente
deseando abrazar al hijo que vuelve a casa.
Desde el mostrador 261
con traje azul y camisa blanca,
y un tono de voz insoportable y prepotente
pegando un sello en tu maleta llena de recuerdos,
sin la menor importancia.
Y al pasar el control de policía
sin más líquido que el de tu propio cuerpo
75% de agua, sangre y vísceras
el alcohol destilado de la noche anterior
y la bilis intragástrica, ácida, lava volcánica
por intentar olvidar los besos que te daba
húmedos, adictivos, cargados de metadona
endorfimas, y escalofríos al despertarte,
cuando te roza con su carne,
a las 8 en punto de la mañana.
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