El otro día
me invitaron a una fiesta
y cuando llevaba dos cervezas
y cuatro cigarros
me di cuenta de que
todos los invitados estaban felices
iban bien vestidos
sonreían sin parar
y parecían perfectos.
Eran prototipos multifuncionales
con capacidad de sentir,
y mostrar felicidad
en cualquier circunstancia.
Y todo eso me hizo beber más,
y cabrearme,
porque yo sólo quería
encontrar una mujer peligrosa
y difícil
e imperfecta
que pudiera llegar a odiar,
y a hacerle el amor
como si nada me importara,
y al acabar volver a odiarla.
Y salí de aquella fiesta
empapado en alcohol
sin tabaco
sin conocer a nadie interesante
y tremendamente cabreado
por no haber encontrado
a algún hijo de puta al que querer matar
ni a alguna pequeña zorra
a la que poder odiar el resto de mi vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario